Informacion Pacientes

Disautonomía

 La disautonomía se refiere al grupo de trastornos provocados por un mal funcionamiento del sistema nervioso autónomo. No es contagioso. Dentro de este nombre genérico se incluyen el síndrome de taquicardia ortostática postural (POTS en sus siglas inglesas), el síncope de origen neurocardiogénico, la intolerancia ortostática (OI), la hipotensión mediada neuralmente, el prolapso de la válvula mitral, el fallo autonómico puro (FAP), la inestabilidad autónoma y cierto número de enfermedades menos conocidas.

Síntomas.

La mayor parte de las formas en las que se presenta la disautonomía no son mortales, a pesar de condicionar en mayor o menor medida la vida de los pacientes. La manifestación de la disautonomía incluye desórdenes de funciones vegetativas incluyendo la presión sanguínea, el ritmo cardiaco, el funcionamiento de las pupilas, la sudoración, la fisiología reproductiva y urinaria, y la digestión.

Algunos síntomas concretos que puede presentar el paciente son:4 taquicardia, bradicardia, palpitaciones, dolor en el pecho, presión sanguínea peligrosamente baja, cambios amplios y/o bruscos en la presión sanguínea, mareos, desmayos o estados pre-síncope, problemas gastrointestinales, náuseas, insomnio, falta de aliento, ansiedad, temblores, micciones frecuentes, convulsiones, empobrecimiento cognitivo, visión borrosa o en túnel, y migrañas.

Las personas que sufren taquicardias sin razón aparente, algo que se conoce como taquicardia sinusal inapropiada (TSI), en los casos más graves presentan migrañas severas de forma regular y sus riñones pueden dejar de ser capaces de retener agua (diabetes insipidus).

Diagnostico.

El diagnóstico de este síndrome depende de la categoría particular que afecte al paciente. Uno de los métodos utilizados en su diagnóstico es la prueba de la mesa inclinada o test de Tilt.

Recientemente se ha creado un aparato, el "ANSiscope",5 que permite medir de forma no invasiva, cómo se relacionan los sistemas simpático y parasimpático, permitiendo hacer una evaluación cuantitativa de la disfunción en el sistema nervioso autónomo del paciente.

Tratamiento.

Aunque no hay cura para la disautonomía, existen medicamentos para paliar sus efectos, además de pautas de comportamiento que pueden ayudar a sobrellevar esta enfermedad.

El tratamiento farmacológico de la disautonomía es complejo puesto que mientras se hacen desaparecer ciertos síntomas otros pueden empeorarse. Entre los medicamentos que se utilizan para tratarla destacan la fludrocortisona, la midodrina, la efedrina y los ISRS A menudo el tratamiento se encuentra tras prueba y error en cada caso concreto.

Las medidas que pueden aliviar los efectos de la disautonomía varían según el tipo de afección concreto. Ante la presencia de mareos suele ser recomendable tumbarse para facilitar la llegada de oxígeno al cerebro. De forma general, se recomienda incorporar a la rutina diaria hábitos que intenten mejorar el retorno sanguíneo, como pueden ser:

Realizar unas 5 o 6 comidas diarias, evitando así una acumulación excesiva de sangre en el estómago.

Realizar ejercicio aeróbico varias veces por semana para mantener el tono muscular.

Beber unos 3 litros de líquidos a diario para estar bien hidratado. En los casos que sea posible conviene aumentar al mismo tiempo la ingesta de sal, para poder retener el líquido ingerido.

Evitar permanecer de pie de forma prolongada y si no se puede evitar hacer pequeños movimientos como ponerse de puntillas o cruzar las piernas.6 Lo mismo es aplicable a viajes de larga duración sentados: conviene cierto movimiento de vez en cuando. En el mismo sentido, minimizar el tiempo que se esté caminando despacio en, por ejemplo, supermercados o museos.

Usar medias de compresión.

 

Consultas